La Necrópolis de Puente de Noy

• La llegada de los fenicios a las costas españolas aportó nuevos elementos culturales que sirvieron de revulsivo a las poblaciones indígenas
Necropolis Puente de Noy
Necropolis Puente de Noy.
Archivo
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Ex, en la actual Almuñécar, fue una de las colonias o asentamientos más importantes de los fenicios en la península Ibérica, desde el siglo VIII a. de C. hasta bien entrada la romanización. Importantes yacimientos arqueológicos atestiguan su presencia ininterrumpida a través de los siglos, destacando las necrópolis como sus más prominentes vestigios. En el paraje de Puente de Noy, sobre la colina donde se halla el Instituto Antigua Sexi de Almuñécar, se asienta una importante necrópolis fenicio-púnica, a la que se bautizó con el nombre del paraje sobre el que se extiende. Junto a la necrópolis Laurita, en la colina de San Cristóbal, convierten a la colonia en punto de referencia del Mediterráneo.

A lo largo de los años 1979, 80, 81 y 93 se realizaron seis campañas de excavación en Puente de Noy, en las que se localizaron 132 tumbas, que a través de sus ajuares funerarios, junto a los de la necrópolis fenicia Laurita, excavada por el Doctor Pellicer en 1962, se ha podido obtener una amplia visión de la población semita, que se asentará en el casco antiguo de Almuñécar a principios del siglo VIII a. C., y que perdurará hasta el siglo I d. C, ya bien avanzada la romanización.

Necrópolis

El rito usado en el enterramiento, salvo un caso de incineración del cadáver en el siglo VII a. C., desde este siglo hasta el III a. C. es generalizada la inhumación del difunto. A partir de la presencia romana hallamos en Puente de Noy algunas incineraciones, aunque continúa predominando ampliamente la inhumación. El cadáver ataviado con sus joyas, posiblemente envuelto en una sábana o sudario, se deposita en el fondo de la fosa excavada en la roca, dentro de un ataúd de madera, colocando especialmente en las esquinas de dicha fosa el ajuar funerario compuesto por vasos de la época, que serán la base para la datación del enterramiento.

El tipo de tumba suele ser una fosa rectangular excavada en la roca, con cuatro escalones laterales o dos en sus lados más largos. Sobre dichos escalones se realizaba el sellado de la tumba mediante maderas y barro rojo, rellenándose el resto con tierra. En pocas ocasiones las maderas de cubierta se sustituyen por losas de piedra horizontales o formando como un tejado a dos aguas.

Mención especial merecen dos tumbas que destacan sobre las restantes. La primera (Tumba 4 de la zona C) consiste en una cámara de sillares, a la que se accede por un corredor escalonado. La segunda (Tumba 1 de la zona E) es la más espectacular de todas. Se trata de un pozo excavado en la roca de 5,60 metros por 5,20 de ancho, Se desciende a una profundidad de 7 metros y medio por una pequeña escalinata excavada en la roca mediante una serie de peldaños, adosados a dos de sus paredes. En el fondo del pozo, en una de sus paredes se halla la cámara excavada en la roca, presentando en la entrada obra de cantería a base de sillares de piedra caliza, que en su parte superior se encajan con la roca natural del terreno. La puerta se encuentra sellada con sillares de la misma piedra.

Tras la puerta con jambas de sillares se accede al hipogeo de planta sensiblemente trapezoidal, con unas medidas de 3,45 metros de ancho por 1,90 metros de profundidad. En el interior del hipogeo se depositó un cadáver con la cabeza orientada hacia el Este. Esta tumba, que debió contener un rico ajuar funerario, fue saqueada en el siglo IV a. C., quedando solamente intactas las piernas desde las rodillas hacia abajo del difunto. El posible ajuar cerámico fue deshecho, hallándose trozos cerámicos junto a los huesos del cadáver esparcidos por todo el hipogeo, no apareciendo ninguna joya del personaje, que sin duda debió llevar, dada la importancia de la tumba en que fue enterrado.

Del interior del hipogeo, tras un laborioso trabajo de restauración por su excesiva fragmentación, se pudieron recuperar dos ánforas, tres platos de engobe rojo, fragmentos de una jarra de boca de seta y pequeñísimos fragmentos cerámicos de posible origen griego que han servido para fechar el momento del enterramiento en la segunda mitad del siglo VII a. C. Igualmente el hecho de haber dejado los saqueadores una lucerna o candil cerámico con la que se sirvieron para iluminarse, aportó la datación del desafortunado expolio.

La creación de ex

Cuando en 1982 se dio a conocer la necrópolis fenicio-púnica de Puente de Noy, después del descubrimiento excepcional de la necrópolis fenicia Laurita en el cerro de San Cristóbal en 1962, con una serie de vasos de alabastro con inscripciones jeroglíficas y sellos de los faraones, que la convierten en la necrópolis más rica del Mediterráneo central y occidental, se puso de relieve la importante presencia de la colonización fenicia en tierras de Almuñécar, corroborando así la correspondencia de las fuentes escritas en la antigüedad que citan a Ex o Sexi como una de las colonias fenicias más destacadas del Mediterráneo hispano.

La necrópolis de Puente de Noy, con la variedad de tipos y ajuares de sus tumbas, así como el amplio abanico cronológico, que abarca desde los siglos VII a. C., al siglo I d. C., ha dado una visión de lo que debió ser la colonia fenicia de Ex. Y su evolución con el paso del tiempo, por el paralelismo que suele darse entre la ciudad de los vivos y la ciudad de los muertos.

En campañas arqueológicas posteriores realizadas en el casco antiguo de Almuñécar, caso de la Cueva Siete Palacios, solares de la Plaza de la Constitución, solar de la Calle Real, Plaza Eras del Castillo y factoría de salazones El Majuelo, se ha ido documentando con más exactitud la presencia fenicia, zona de ubicación de la colonia sexitana, su relación con los indígenas del Bronce Final y sus actividades comerciales, en las que destacó la importante salazón de pescado, así como el comercio hacia las tierras del interior, obviamente a través de las vías naturales de penetración de los ríos Seco y Verde, o la navegación cercana de cabotaje, navegando junto a la costa.

Puente de Noy tiene incoado expediente como Bien de Interés Cultural en fecha 24 de noviembre de 1980. Veinte años después aún no está declarada ‘zona arqueológica’.

Habitualmente los fenicios, que eran un pueblo marinero, utilizaban sus colonias como puntos de encuentro e intercambio con los nativos, pero en Almuñécar dejaron una gran impronta, convirtiéndose en el primer núcleo estable y consolidado de nuestra actual ciudad.

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